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Exposición: Omar Rayo “Intaglios”

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La exposición, Omar Rayo y Águeda Pizarro, pinturas, pretende estudiar la relación, manifiesta en la obra pictórica de Rayo, entre el artista y su esposa poeta. El curador aprovechó la coincidencia entre el cuadragésimo aniversario del Museo Rayo el nonagésimo tercer cumpleaños de Omar Rayo y el octogésimo cumpleaños de Águeda en el mismo 2021 para enfocar el tema. El guion  traza, basándose en los títulos de diferentes series, la trayectoria de esta relación en la temática de las pinturas y el simbolismo de sus formas. Se descubrió que la colección de pintura sobre tela el museo conserva algunas obras tituladas Águedópteros o Águedópteros en la red, otras cuántas con el nombre de la hija de la pareja  Coleópsara poetis y una gran cantidad de Mateo’s Toys dedicados al nieto. Se sabe que otras series con nombres referentes a esta familia nuclear, como Sariris, no se encuentran en la colección del Museo. En nuestra colección de obra gráfica de Rayo tenemos sólo unas cuántos intaglios dedicados o que referencian a Águeda y muchos que se titulan Saratoy o Casara dedicados a la hija, Sara y producidos después de 1977 cuando ella nació. Así esta muestra en la Sala Intaglio.

Águeda Pizarro nació en Brooklyn, uno de los barrios de Nueva York en 1941 cuando sus padres estaban establecidos en Estados Unidos, país donde se habían nacionalizado. Su progenitor Miguel Pizarro fue poeta, profesor y diplomático que nació en Andalucía y además de su país natal vivió en Japón, Rumania y Estados Unidos, donde finalmente se establecieron él y su esposa que había conocido en Bucarest, Gratiana Oniçiu quien estudió filología. Miguel Pizarro, amigo de García Lorca, es parte de la generación del 27 en España.

La crítica ha señalado desde siempre el aspecto lúdico en toda la obra de Rayo. En pintura y dibujo, las caricaturas de los 40  dejan su huella tanto en el Bejuquismo como en toda la serie de Vía Sur en los años 50.  A partir de la estancia de Rayo en México y el aparente nacimiento de la abstracción en su pintura, se ven en pintura obras que buscan jugar con la mirada del espectador. Este juego incluye un constante duelo  entre lo abstracto y lo concreto. Se intensifica en los 60 en Nueva York cuando Rayo empieza a jugar con la ilusión de cintas dobladas y el trampantojo. Trucos de mago ilusionista. En grabado, dentro de su aprendizaje de técnicas tradicionales, vemos figuras de niños y niñas con diferentes juguetes como patinetas, muñecas, aviones y barcos de papel precursores del origami. 

Vemos también algunos que se refieren a la niñez del mismo Rayo como, “The Early Dreams of Yaro Arom,”y unos muñecos recortados típicos de la época a los que se ponía ropa de papel.

Aún las Féminas y los Eróticos tienen un aire de juegos infantiles, cosa que los títulos reconfirman con sus calambures y alusiones humorísticas. En todas las series de intaglios se observa una lúcida lúdica de ironías sobre el papel y los objetos que con este se producen para deleite de nuestra niñez  adentro. Aquí presentamos ejemplos de algunos de estos grabados que se refieren a Águeda directa o indirectamente. Con el nacimiento de Sara Rayo en 1977, Omar Rayo empieza a dedicarle a la bebé una serie de animales como si fueran regalos– los Saratoy. Son estilizadas aves, insectos, gatos, bovinos, peces, como si le estuviera introduciendo a la pequeña a una biosfera  imaginaria, original, de papel y de sueños. Con estas obras y luego con las pinturas de las series Sairis, Coleópsara Poetis, Osso entabla un diálogo visual y poético con Sara Rayo. Juega con las ocho letras de su nombre en diseños de libros y catálogos cuando la expone en su Museo como lo hace con su propio nombre. Desde muy pequeña, lo acompaña a su estudio en Nueva York y empieza a pintar guiada por él, primero espacios y personajes que se refieren a la familia y los lugares habitados, luego árboles y más árboles, los ébanos de Roldanillo, raíces torcidas como bejucos. Hasta ya adulta, sus obras se inspiran en el mundo natural a veces demostrando una sensualidad de erotismo inmanente. Cuando Sara descubrió el papel,  ya después de la muerte de su padre, se inspiró, no en los animales de Saratoy sino más bien en los origamis y los otros objetos doblados japoneses y en las pinturas voluminosas que Rayo empezó a pintar a partir de mi embarazo en 1976. Empezó cortando áreas de los dibujos vegetales intrincados para revelar una segunda superficie oculta. Luego empezó a crear figuras tridimensionales a base de estos cortes y dobleces, a los que añadía color ya sea pintado o salpicado. Hizo obras dramáticas que parecían flores extraterrestres, vulvas botánicas. Ahora busca  escalonar los dobleces en descensos concéntricos al interior de varias hojas superpuestas. Recrea lo que su padre apenas sugiere con el relieve escalonado de algunas obras.

Aquí mostramos cuatro ejemplos de la obra más reciente de Sara Rayo como un eco de ese diálogo de amor que sigue sosteniendo con su padre. Ella entra al papel, a la vez voladora y espelunca en un juego de equilibrios e ilusiones donde se balancea al centro de la mirada de un mago que nunca dejó de ser niño.

Miguel González —Curador

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