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Omar Rayo: De la Caricatura al Intaglio

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Omar Rayo nunca perdió la conexión con su primer aprendizaje en la Academia Zier de Buenos Aires, donde estudió por correspondencia en su juventud. Allí aplicó su talento por el dibujo descubierto antes, en las clases de Botánica y Geografía en el colegio. En la Academia Zier se destacó por su habilidad para captar con su lápiz seguro y su ojo explorador de sombras y volúmenes, los secretos del rostro humano. La segunda parte del curso era la caricatura. Aprendió el joven artista a percibir esencias y descubrir ritmos, curvas donde se escondía el humor.  De los poetas de su pueblo heredó el contrapunteo verbal, el calambur, la chanza que también eran fundamentales en la caricatura periodística. 

En la historia de la caricatura, se destacan artistas como Posada, Goya, Daumier, cuyas estampas estaban ligadas al proceso de grabado que se utilizaba en las imprentas de libros y periódicos en los Siglos XVIII y XIX. En estos cartoons se veía una fuerte crítica social y un comentario sobre los acontecimientos del momento. Pero fue el colombiano Rendón que le inspiró a convertirse en un caricaturista profesional. La trágica historia de Rendón y el trazo preciso y limpio le cautivaron y cuando llegó a Bogotá en el 48 acudió al Café Automático para hablar con los artistas y poetas que lo habían conocido. Sobrevivió el 9 de abril, siendo caricaturista para la revista Semana y para el periódico El Siglo. Ya era reconocido por la originalidad de su “‘Maderismo”, una palabra inventada por él para su ingenioso estilo en las que los rostros estaban construidos con tablas de madera dibujadas con minucioso realismo. Dibujó los rostros de los presidentes y jefes de Estado que asistían a la IX Conferencia Panamericana de 1948. Hizo otros dibujos no menos ingeniosos en una nueva propuesta visual que llamaba Bejuquismo refiriéndose a las figuras humanas dibujadas en forma de raíz o de liana.

Rayo viajó por América del Sur mostrando sus dibujos y pinturas Bejuquistas mientras absorbía la riqueza cultural de los países andinos. Sus bocetos y apuntes de viaje conservan mucho de la caricatura. Los rostros de las personas que encontraba, la vestimenta de indígenas y cholos, los animales observados son obras maestras de la concisión donde el trazo habla e incita a la risa. Los diseños en las piedras de los monumentos en Cuzco, Machu Picchu y Sacsahuamán, en las telas paracas y las artesanías, contribuyeron a la transformación de su estilo geometrizándolo. Sus primeros grabados en metal hechos en México en el año 59 reflejan este cambio mostrando paisajes y formas misteriosas como glifos mayas o aztecas. Al descubrir el intaglio, y entregarse a su encanto sensual—la piel del papel, vio en los objetos cotidianos e insignificantes un tema que permitía que volviera a mirar con su “ojo que ríe”. Las formas de los utensilios de taller, exagerados o vistos desde ángulos inesperados como habían sido los rostros de las personas, se convertían en las características de personajes, actores en su propio escenario de papel blanco. Con los títulos equivalentes a los textos de los cartoons de las revistas y periódicos, los intaglios pop de Rayo se volvieron comentarios sobre nuestra inhabilidad de ver lo que está alrededor nuestro, “lo infinito de lo chico”.

Los objetos Pop retratados en intaglio luego se transformaron en la serie más contundente, el “Papel herido”. Los pequeños seres útiles y modestos llegaron a ser asesinos y suicidas. Un serrucho con gota roja es “Mata-palo”; una balalaika con el brazo doblado, “Los crímenes del espía ruso”. Su obra maestra -dos platos con cubiertos y servilletas a los que agregó, no una sola gota pintada con stencil, sino una catarata de gotas recortadas en papel, la “Cena de los Generales”. Se refería a las dictaduras suramericanas de la época. No escaparon su mirada satírica las manos ensangrentadas de Margaret Thatcher “Las malditas Malvinas manos de Margarita”. Duras críticas sobre temas contemporáneos en la tradición de Goya y Posada, pero de una belleza impóluta que engaña al espectador.

Una de las maneras de hacer caricatura ha sido animalizar el sujeto o vegetalizarlo. Quién se olvida de los rostros hechos de verduras de Archimboldo. El Pato Donald y Mickey Mouse son versiones de seres humanos. Los animales de Rayo, incluyendo los encantadores gatos dibujados en Buenos Aires frente al Club Militar en ruinas de Perón, nos inspiran risa y simpatía.  Hay patos, águilas, palomas de la paz manchadas de sangre. Hay insectos preciosos en su detalle prístino. De estos no se burla, sino que los convierte en algo de admirar, su fragilidad transformada en joya. Los animales de Rayo son mitológicos. Poco a poco empezó a crear “transformers”. El icónico gancho de nodriza deviene, con dos alas, “La machaca” temible de los 60. Y luego empezó a combinar otros objetos, a ponerles alas y otros atributos animales dándoles nombres también híbridos. En la última serie caricaturesca que hizo, se burla de su propia obra, convirtiendo los “Nudobilia”, los “Cilindromes” y los “Tubularios” en transformers que se podrían haber llamado “Nudolarios” o “Tubodromes”.  

El otro gran grupo de caricaturas convertidos en intaglio son las féminas y los eróticos. Los primeros fueron creados en México y se basaban en unas postales pornográficas. Pero Rayo los purificó sobre el blanco del papel ya que no tienen rostro, sino que, con su ojo cautivador, captura el movimiento de piernas y brazos agregando a veces elementos de collage como un lazo.  Igualmente, las formas de las “Feminas” son purificadas y la risa que nos provocan es suave. Las “Lolitas” posan desnudas con botas y pelo alto. Una mujer “Peace Piece”, de piernas cruzadas, nos muestra su ranura con pelos parecidos a rizados bigotes. En todos los intaglios hay una intención humorística, pero ésta nunca borra la belleza encontrada en las formas estudiadas y acariciadas por un Rayo enamorado de los mundos que descubre en lo desapercibido y lo íntimo.

Águeda Pizarro —Presidenta & Directora

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